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  • Foto del escritorDe Pura Casta Web

PEDRO ROMERO


Pedro Romero Martínez, nació en Ronda, Málaga, un 19 de noviembre de 1745.

Fue descendiente de una dinastía taurina muy conocida: su padre Juan Romero y sus hermanos menores, José y Antonio fueron también matadores de toros. Además, se atribuye a su abuelo, Francisco Romero, el mérito de ser el primero que empleó la muleta y el estoque para dar muerte a un toro.

Comenzó como segundo espada en la cuadrilla de su padre en 1771, participando en tres novilladas ese año en Jerez de la Frontera.

Se lo considera el primer matador de toros de su época, a diferencia de sus rivales y contemporáneos, Joaquín Rodríguez “Costillares” y Pepe-Hillo, a quienes consideraba como los primeros toreros.

Romero dirigía la lidia en intención de la muerte del toro. Suerte para la que tenía especial talento, por lo que era llamado por sus contemporáneos “El Infalible”, lo que lo diferenciaba de Pepe-Hillo, quien consideraba que la faena debía ser consistente desde el comienzo al fin. Se presenta en 1775 por primera vez en Madrid e inicia una rivalidad con “Costillares”, que en 1777 lo aleja de participar en festejos en esta ciudad como resultado de las diferentes polémicas con este.

En 1778 alterna por primera vez con Pepe-Hillo, con lo que nace una rivalidad histórica que se entabló en la Real Maestranza de Sevilla y otras plazas y de la que se lo tiene como postrer vencedor.


Desde 1778 a 1799 se mantiene como matador exitoso en los festejos anuales que se desarrollaron en las plazas de primera categoría. El 19 de mayo de 1785 inauguró la plaza de toros de Ronda. Si bien se retiró en 1799 y una vez más en 1806 (negándose a torear para los franceses), se mantuvo activo en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla y mató a su último toro en 1831 a los 77 años, que brindó a la futura reina Isabel II de España, por entonces princesa de Asturias. Es probable que matase más de cinco mil toros. En su larga trayectoria no recibió nunca una cornada.

Sus últimos años los dedicó a la escuela de tauromaquia de la que fue director y maestro por orden del rey.

Fueron discípulos suyos Francisco Arjona Herrera “Cúchares” y Francisco Montes “Paquiro”, quienes serían los grandes rivales de su generación.

Para muchos especialistas fue Pedro Romero un visionario adelantado a su época, quien, más de un siglo antes que Belmonte y Manolete, recomendaba la quietud del torero en la escuela sevillana: “… el que quiera ser lidiador ha de pensar que de cintura para abajo carece de movimientos… el toreo no se hace con las piernas, sino con las manos”.

Fallece un 10 de febrero de 1839 a los 84 años, dejando un legado imborrable y sustancial para el devenir de la tauromaquia en el mundo.


PEDRO ROMERO

Bajaba de la sierra el bandolero

para verle jugándose la vida

a la Plaza de Ronda estremecida

por el milagro en flor de su torero.


La alta barrera y el redondo albero

daban su compás trazo y medida.

¡Qué viril desafío a la embestida!

¡Qué arrojo el del señor Pedro Romero!


Carde de Roma, sangre de moros

-España es lo latino y lo moruno-

Transpiraban valor todos sus poros.


“Más cornadas da el miedo que los toros”

Lidió casi seis mil, uno por uno.

Los mató a todos. No lo hirió ninguno.

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